No me suelen gustar las comparaciones pero tengo que confesar que esta exposición es la más bonita en la que he estado en mucho tiempo. Y la que más me ha impactado también. De largo. Que la periodista María Güell me invitara a la inauguración tiene mucho que ver – nuestro viaje en coche hasta Lérida fue toda una aventura – . Y conocer a la simpática Carolina Grau, comisaria de la muestra, por supuesto también. Pero que estuviera la mismísima Ángela de la Cruz ahí con nosotros, remata una jugada maestra. Jaque mate.

Recuerdo perfectamente cuando me fijé en Ángela por primera vez. Fue hace unos años en la feria ARCO en Madrid, supongo que en el stand de Helga de Alvear, Lisson o Carreras Múgica, algunas de las galerías que la representan. Y tal como soy yo con las fotos, no dudé en retratarme delante de tres de sus obras. Una rosa, otra azul y la tercera, más grande, amarilla. Brillantes, voluminosas, apetecibles. Combinando la pintura y la escultura de forma magistral. De lo más fotogénicas.

Averigüé que la artista era de La Coruña, afincada en Londres desde hacía años y que había sido nominada al prestigioso Premio Turner en 2010, convirtiéndola en una de las artistas más deseadas por coleccionistas del mundo entero. Pero en ese momento no comprendí muchas cosas ni sabía que en 2005 había sufrido una hemorragia cerebral que la dejó en una silla de ruedas para siempre. A pesar de los tremendos daños y de la dificultad que tiene al hablar, cuentan que Ángela transmite buen rollo y energía por todos lados. Ejemplar.

El Centre d’art La Panera de Lérida es un espacio singular. Nunca había estado antes y fue un verdadero descubrimiento. Una enorme sala de altísimos techos y monumentales columnas del siglo XII alberga sólo una quincena de piezas colocadas a larga distancia una de otra – voluntad de la artista – para dotar al espacio y a las obras del mismo protagonismo.

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El minimalismo se extiende al color. Toda la obra es en marrón, el color del barro, de la tierra y de los Escombros, – nombre de la exposición -. Y en blanco, en referencia al agua, a la luz, al dolor, a la pérdida, al luto.

La artista creció junto al mar y vivió de cerca sus inclemencias, llevándola a reflexionar sobre la basura flotante en el agua. Escombros habla de esa masa de desperdicios en movimiento, aquello que el mar devuelve a la orilla, lo que queda después de la adversidad. “Tras la tempestad, viene la calma”, apunta la comisaria, Carolina Grau.

Como Ángela explica: “El mar tiene una serena violencia que me fascina, y esa idea es exactamente lo que me gustaría reflejar en mi obra”.

Stuck (Atascado) es el punto de partida de la exposición y una de mis piezas favoritas. Un enorme lienzo de más de dos metros de altura desprendido de su bastidor para representar el exceso de masa y volumen que ha quedado atrapado en el marco de una puerta. No puede entrar ni puede salir, obstruye el acceso al espacio expositivo. Pintada de un color marrón brillante y húmedo, apetece tocarla. Seductora cien por cien.

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Lo que más me impresiona del trabajo de Ángela es que toma las medidas de su cuerpo como referencia para crear. Mide 153 cm de altura, igual que Deflated (Desinchado), un lienzo blanco sin bastidor sujeto por un tornillo. La sensación que da es como si yo acabara de sacarme el abrigo y lo hubiera colgado ahí mismo. ¿Es la piel despellejada de la artista? ¿El cuerpo está presente o ausente?

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Una de las obras que más me conmovió fue Compressed (Estrujado), donde la artista comprime esta caja de aluminio hasta reducirla a 123 cm, su altura en silla de ruedas. La violencia de este acto brutal se suaviza al pintar cuidadosamente – de color marrón – los golpes que la caja ha sufrido. ¿La pintura salva la escultura dañada? Ahora es cuando comprendo la serena violencia que Ángela quería reflejar en sus obras.

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Bloated (Hinchado) es todavía más impactante. Estas dos cajas de aluminio – esta vez pintadas en blanco y de la misma altura que la artista – recuerdan a un sarcófago. Las deformidades de la superficie hechas a martillazos desde el interior dan a entender como si un cuerpo estuviera dentro de ellas y quisiera salir. Estremecedor.

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Estuve varios días recordando la exposición. Una vida de sufrimiento y superación y, lo más importante, mucho sentido del humor.

No os la perdáis! Quedan pocos días. Hasta el 24 de enero en el Centre d’Art la Panera, Lleida.

By | 2018-02-12T15:13:12+02:00 enero 14th, 2016|Arte contemporaneo, Escultura|1 Comment

One Comment

  1. Maria GÜELL 4 febrero, 2016 at 17:37 - Reply

    FUE UNA VISITA INOLVIDABLE !!! Ángela tiene tanta fuerza que te impregna con su obra !!

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