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Hace unos años me hablaron maravillas de ella y desde entonces siempre he querido ir. Y es sin duda uno de los planes que más he disfrutado en los últimos meses, recomendable cien por cien.

A sólo 6 horas en coche de Barcelona, en pleno corazón de la Provenza francesa, en un pequeño y encantador pueblo llamado Saint-Paul-de-Vence, se encuentra una joyita del arte moderno: la Fundación Maegth.

Miró, Chillida, Calder, Chagall, Giacometti, Braque, Léger, y un largo etcétera de primerísimo nivel dentro de un conjunto arquitectónico excepcional, obra del reconocido arquitecto catalán Jose María Sert. Combinación explosiva.

Marguerite y Aimé Maeght, fundadores en 1945 de la archifamosa Galería Maeght de París e íntimos amigos de los mejores artistas de su época, empujados por el dolor de la trágica muerte de su hijo, decidieron crear una fundación privada para albergar su propia colección de arte y que a su vez sirviera de encuentro de artistas, poetas y escritores. Un espacio lleno de luz en plena naturaleza dedicado a la creación y abierto al diálogo y la experimentación.

Fue un trabajo en equipo. El matrimonio Maeght contó con la opinión y colaboración de los artistas, que crearon obras para integrarlas al edificio y a los jardines. Nuestro ilustre compatriota Joan Miró fue uno de los que más se implicó en el proyecto.

Su sueño se hizo realidad el 28 de julio de 1964.

Actualmente, su hijo Adrien preside la fundación continuando el legado de sus padres. Además de mantener vivo el patrimonio, promueve la obra de artistas jóvenes con exposiciones temporales.

Sólo llegar al recinto te recibe un acogedor jardín de pinos repleto de esculturas que nos dan la bienvenida.

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La escultura que más me impresionó es esta inmensa Stabile de Alexander Calder de 1965, uno de mis artistas favoritos. Monumental, te observa estática, anclada en la tierra, pero a la vez ligera y etérea como sus geniales móviles aéreos.

Precisamente en estos momentos, la Tate Modern de Londres está mostrando una exposición del escultor americano. Estoy deseando escaparme a verla. Si tienes la suerte de estar por ahí la puedes visitar hasta el 3 de abril.

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Junto a la puerta, este divertido e inconfundible personaje de bronce de Miró te anima a atravesar el edificio para descubrir el jardín trasero, lo que él mismo bautizó como el Laberinto Miró.

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Repleto de esculturas estratégicamente colocadas a diferentes niveles sobre el terreno, la inagotable imaginación de Miró creó un universo personal y onírico, de criaturas fantásticas, híbridas, monumentales, de formas orgánicas, inspiradas en la mitología griega e integradas en la naturaleza. Una evocación a la creación del mundo.

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Bronce, hierro, mármol y cemento. Un gran mural de cerámica. Un arco, un lagarto, una horca, una gárgola, un huevo, pájaros. Pura fantasía mironiana, como la que vimos hace un par de semanas en mi primera entrada del blog, donde os contaba mi visita a la Fundación Miró de Barcelona.

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Sin duda, mi obra favorita de la visita es esta altísima y elegantísima Standing Woman II de 1960 de Alberto Giacometti situada en el patio que lleva su nombre. Contemplar tan de cerca al maestro suizo es siempre un auténtico placer. Durante mis prácticas en el Departamento de Impressionist and Modern Art en Sotheby’s Londres tuve la suerte de estudiar y ver con frecuencia obra suya y siempre me impresionó mucho, pero nunca había visto al natural una de semejantes dimensiones.

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El año de la inauguración el propio Giacometti donó casi setenta de sus obras a la fundación, convirtiéndola en una de las mayores colecciones que existen del artista.

En una de las salas interiores está expuesta otra fantástica escultura de él, esta vez más pequeña y de un hombre caminando – Homme qui marche – que convive en armonía con un móvil de mi admirado Calder, unas figuras híbridas de Germaine Richier y con pinturas tan dispares como las de Marc Chagall – La Vie, una importante tela de 1964, – Joan Mitchell, Simon Hantaï, Pierre Soulages y Sam Francis.

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Junto a la entrada de la biblioteca hay un pequeño patio presidido por esta bonita escultura de bronce de la británica Barbara Hepworth. Sus líneas simples y redondeadas recuerdan mucho a las de su amigo Henry Moore.

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El edificio es otra Obra de Arte con mayúsculas. Persiguiendo la intensa luz mediterránea, el arquitecto Sert creó una construcción singular de techo abovedado y originales paredes y ventanales a base de pantallas. De formas geométricas, consigue un juego de texturas gracias a la mezcla de materiales: ladrillo, cemento blanco, cerámica y piedra desnuda. Varios estanques y varios patios. Como remate, dos inmensos semicilindros coronan el tejado dotando de personalidad al edificio. Impresionante.

Todo esto y muchísimo más os espera en la Fundación Maeght, un verdadero museo en la naturaleza con una de las colecciones de arte del siglo XX más importantes de Europa. Único!

By | 2018-02-12T15:13:12+02:00 febrero 4th, 2016|Arte moderno, Escultura|0 Comments

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